Pasos de fuego
mujer ardiente,
llenas el alma mía
de tu sonrisa
y renaces en mis sueños
como cuando me miras
en la eterna e infinita noche.
He llegado aquí
con mi simple poemas
y mi sencilla sonata
hasta tu ventana;
confieso mi profundo sentimiento
que en el amor penetro
tus ojos doncella,
enciendes mi corazón
como cuando hablas
vacía y lejana
en la alborada.
Muere tu sombra
con la belleza de la luna
evitando mis versos,
rasguen el aroma de tus cabellos
como cuando acaricias
mis sinceras palabras
con lo dulce de tus labios.
Confieso el amor
que tu nombre
derritió mi corazón
y quizás en el silencio
poder besarte y
gritar este sentimiento
que me ata al tiempo
de decírtelo al oído
haciendo que esta sencilla sonata
se transforme en pura y verdadera.
El fenix Ryoku
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